Para memoria de ella Mrc. 14:9

La cena al honor de Jesús fue celebrada
en la casa de un cierto Simón el leproso en
Betania, el sábado antes de entrar Jesús triunfalmente
en Jerusalén. Allí vivían Lázaro, María
y Marta y muy posiblemente Jesús pasaba
las noches con ellos después de salir cada tarde
de Jerusalén (11:11,12; Mat. 21:17; Luc.
10:38,9). Juan no contradice a Marcos, pues
dice que los tres estuvieron presentes en la
cena pero no que la cena se celebró en su casa.
La mujer referida es María la hermana de
Marta y de Lázaro (Jn. 12:2,3). No es la mujer
de Luc. 7:37, que era una pecadora.
María trae un frasco de perfume (de nardo
sin mezcla) para ungir la cabeza de Jesús.
Siendo de gran precio (véase ver. 5), el derramarlo
(una libra de él, Jn. 12:3) representa
un gran sacrificio personal y una demostración
de gran amor y aprecio.
Nuestra versión aquí dice “perfume”, pero
en Luc. 23:56 traduce la misma palabra
griega, MURON, “ungüento”. Tenía la consis84
tencia de aceite. Varias versiones buenas dicen
“ungüento” en lugar de “perfume”. Notas de Marcos por Bill H. Reeves.

Muy bien, dicho esto yo quiero que fijemos la mirada en el acto tan memorable realizado por esta mujer.

La escena la recogen Mateo, Marcos y Juan. Veamos la narración de Juan: Le dieron allí un banquete, Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. María tomó una libra de perfume de nardo legítimo, de gran precio, ungió los pies de Jesús y los enjugó con sus cabellos; y el aroma del perfume llenó la casa. Mateo precisa que el frasco era de alabastro y que antes de ungir los pies lo derramó sobre la cabeza de Jesús. Marcos señala que rompió el frasco para que se gastase todo, sin ahorro alguno. Judas, criticando, dirá el precio de aquel perfume: trescientos denarios, es decir, el salario de un trabajador durante un año, una cantidad espléndida.

¿Por qué María hizo aquel gesto verdaderamente generoso? Es difícil penetrar en el corazón de alguién, pero podemos intentarlo. María vivía vida de oración, había escogido la mejor parte. María está agradecida por la resurrección de su hermano. María había llorado cuatro días al difunto lo que revela la calidad de su amor. María había sido perdonada por Jesús de su antigua vida de pecado y su arrepentimiento lo manifestó públicamente ungiendo y llorando a los pies del Maestro que había dicho se le ha perdonado mucho porque amó mucho. María sabe querer y el amor es sabio. No era posible separar estos hechos de la sensibilidad de aquella mujer. María quiere agradecer a Jesús todo el bien recibido y encontró el modo: ungir de nuevo al Señor. Y escogió lo mejor: nardo legítimo.

La mayoría de los comentaristas destacan en esta unción el elevado valor del perfume. Los presentes también se sorprendieron de ello, a muchos les pareció demasiado, Judas lo criticó en voz alta. Seguro que a María le pareció poco, y lo mismo pensaría Lázaro y Marta. Ellos saben querer y entienden al Maestro.

Que fue lo último de gran valor que dio al Señor?

Recuerde que en base a lo que hagamos seremos recordados, unos a lo largo de la historia han sido recordados de manera despreciativa, otros de manera afectiva, pero pocos han sido recordados como esta mujer, por eso el Señor no se equivoco respecto a este gesto de Maria.

Cómo será recordado usted?

Esta dispuesto a mostrar al Señor este tipo de sacrificios?


Raymundo Saldaña.

María unge con nardo al Ungido de Dios
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Conviene situarse en el ambiente creado en Betania después de la resurrección de Lázaro. Todos los presentes quedaron paralizados por el estupor. Tal fue el asombro, que el mismo Jesús les tiene que indicar que liberen al muerto resucitado de las vendas que le impedían moverse.

¿Qué pensó Lázaro al saberse vivo? No lo sabemos, quizá sentiría como si volviese de un sueño profundo. Después se ve amortajado, ve mucha gente a su alrededor, sus hermanas, sus amigos, y Jesús con los suyos. Todos tendrían los ojos abiertos a causa de la sorpresa, Jesús estaba allí con restos de las lágrimas derramadas, pero con el rostro alegre e imponente. Preguntaría que había pasado y al contárselo se dirigiría lleno de amor y respeto al Maestro y al Amigo. No parece fácil reproducir la escena, pero es muy de suponer que no habría muchas palabras, sino una adhesión plena y total entre el discípulo y el Maestro.

Si antes de la resurrección podían designar a Lázaro como el que ama Jesús. ¿Qué dirán después? Lázaro querría a Jesús y creería en Él más aún que antes. Sentiría una mezcla armoniosa de amistad y respeto muy sobrenatural y muy humana. Gran respeto porque le había hecho atravesar la puerta de la muerte volviendo a la vida, gran amistad porque le consta que lloró por él. Conocería con mayor profundidad y clara experiencia el amor de Jesús: “me quiere como Dios y como Hombre”. “Es mi Amigo Todopoderoso”. La amistad entre los dos alcanza un nivel difícil de explicar, pues es agradecimiento, querer corresponder, fe total, adoración en el sentido más estricto. Le quiere a Jesús como lo que es, como Dios y como Hombre. Y se siente querido, experimentando el amor divino capaz de resucitar y el amor humano captado por todos cuando decían: mirad como le amaba.

¿Y sus hermanas? Habían sufrido mucho los días anteriores; la enfermedad grave de su hermano, su muerte, el entierro; pero, sobre todo, ver que Jesús, capaz de hacer tantos milagros, no prestaba atención a su hermano. Serían auténticas tinieblas la que vivirían en sus almas esos días, especialmente María más sensible que la práctica Marta. Al ver a su hermano saliendo del sepulcro ante la llamada imperiosa de Jesús quedarían paralizadas como el resto de los presentes. Una honda alegría debió inundar entonces toda su alma. La luz sucedía a la noche. ¡Lo quería de verdad! ¡ha hecho el milagro,! ¡El sabe porque ha esperado al cuarto día!, Jesús sabe más que nosotras que sólo vemos lo que está delante de nuestros ojos. Y aumentaría también en ellas el amor y la fe en el Maestro. ¿Cómo agradecer el bien que nos ha hecho? Es muy posible que desde entonces este pensamiento llenase su corazón. María encuentra el modo de mostrar el agradecimiento de la manera que más pueda agradar a Jesús, y lo hace en la comida celebrada en Betania en casa de Simón el leproso, seis días antes de la Pascua en que Jesús va a sufrir la Pasión.

La escena la recogen Mateo, Marcos y Juan. Veamos la narración de Juan: Le dieron allí un banquete, Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. María tomó una libra de perfume de nardo legítimo, de gran precio, ungió los pies de Jesús y los enjugó con sus cabellos; y el aroma del perfume llenó la casa [256]. Mateo precisa que el frasco era de alabastro y que antes de ungir los pies lo derramó sobre la cabeza de Jesús. Marcos señala que rompió el frasco para que se gastase todo, sin ahorro alguno. Judas, criticando, dirá el precio de aquel perfume: trescientos denarios, es decir, el salario de un trabajador durante un año, una cantidad espléndida.

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