Aprendiendo de un arroyo 1 Reyes 17:1-7

La Escritura dice: Y vino a él palabra de Jehová, diciendo: Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el arroyo de Querit, que está frente al Jordán.

Hoy vemos algo importante en estos textos, ustedes pueden mirar como Dios manda a este extraordinario profeta a posar junto a un ARROYO y entendemos que un arroyo es diferente de un río, todos prefeririamos ser dejados por Dios junto a un río de agua viva que junto a un arroyo que se seca fácilmente: Pasados algunos días, se secó el arroyo, porque no había llovido sobre la tierra.

La realidad es que muchas veces, en lugar de un río, Dios nos da un arroyo que hoy brota y mañana quizá estará seco. ¿Por qué? Para enseñar­nos a no descansar en las bendiciones, sino en el Dador de las mismas.

Sin embargo, creo que muchas veces se cae a este punto, en el que nuestros corazones están mucho más ocupados con las bendiciones que con el Dador.

¿No es ésta acaso la razón de que el Señor no nos confíe un río? Si lo hiciera, éste ocuparía en nuestros corazones, sin darnos cuenta, el lugar que le corresponde a él.

“Pero engordó Jesurún, y tiró coces
(Engordaste, te cubriste de grasa);
Entonces abandonó al Dios que lo hizo,
Y menospreció la Roca de su salvación.”

(Deuteronomio 32:15).

Desgraciadamente la misma tendencia mala existe en nosotros. A veces creemos que se nos trata duramente porque Dios nos da un arroyo en lugar de un río, pero por lo mismo que Dios ama demasiado a los suyos no nos da algo que puede tornarse peligroso para nuestra salvación.

Tomemos el ejemplo del BUEN SIERVO FIEL que sobre POCO fue fiel y sobre MUCHO se le puso. (Mateo 25:21)

¿Cómo había de subsistir el profeta en un lugar como aquel? ¿De dónde habría de provenir su comida?

Estas son preguntas que uno aún se hace cuando estamos junto a un arroyo, cuando estamos rodeados de bendiciones que creemos son muy pocas.

Ahhhhh!!!!!!, Dios se ocu­pará de esto; él nos proveerá nuestras necesidades: “Y beberás del arro­yo” (v. 4).

Cualquiera que fuere el caso de Acab y sus idó­latras, Elías no perecería. En los peores tiempos Dios se mos­trará fuerte en favor de los suyos. Aunque todos perezcan de ham­bre, ellos serán alimentados: “Se le dará su pan, y sus aguas serán SEGURAS” (Isaías 33:16). De este modo, a Elías se le mandaba confiar en Dios a pesar de la vista, la razón y todas las aparien­cias externas; descansar en el Dios mismo y esperar pacien­temente en Él.

“Yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer” (v. 4).

El profeta podía haber preferido muchos otros lugares para refugiarse, de eso estamos seguros, pero debía ir a Querit si quería recibir el suministro divino.

Dios se había comprometido a proveerle todo el tiem­po que permaneciere allí.

Muchas veces nuestro egoísmo e incredulidad nos mueven de allí, del lugar donde Dios me ha mandado ir.

Qué importante es, por lo tanto, la pregunta: ¿Estoy en el lugar donde Dios  me ha mandado?

Si es así, de seguro que supli­rá todas nuestras necesidades.

Pero, si como el hijo prodigo le damos la espalda y me nos vamos a un país lejano, entonces, como él, su­friremos necesidad.

Un profeta, en un simple arroyo, son la predicación viviente y poderosa proveniente de un asombroso Dios que nos dice: Si quieres un Río deberás depender de un arroyo.

Raymundo Saldaña.

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4 comentarios en “Aprendiendo de un arroyo 1 Reyes 17:1-7

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