Se puede perdonar a alguien así?

Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman.

Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo. Lucas 6:32-33

Palabras de Jesús de Nazaret

Violadores, asesinos, matricidas, parricidas, infanticidas, explotadores sexuales, sicarios, personas que matan por placer, son sin duda la marca indeleble de una sociedad corrompida, entenebrecida y egoísta.

En el basto mundo del internet suele uno toparse con noticias desgarradoras, navegando por la red encontré esta nota:

Las historias no contadas sobre violencia sexual durante el Holocausto

Fragmento de la nota:

 Los soldados vinieron por ella durante la noche. Llevaron a la niña a una barraca y la obligaron a ver que violaban a una mujer.

Entonces los hombres borrachos soltaron a un perro para que destrozara los  pechos de la mujer violada. La sangre estaba por todas partes. La mujer se desmayó.

Derramaron alcohol sobre ella. Reían y dijeron que la matarían.

Más tarde su hermana la limpió pero no hablaron de lo que había sucedido. Nadie hablaba de esas cosas. No tenían que hacerlo o tal vez no podían.

Nosotros hemos sabido del holocausto judío, las acciones de los Nazis, atentados terroristas como el del 11-S, y uno puede quedarse estupefacto ante tales acciones que hieren nuestra dignidad, no obstante uno puede preguntarse sobre los autores de tales hechos… Se puede perdonar a alguien así?

Jamás podremos sentir lo que los familiares de las víctimas o la propia víctima ha sentido, pedirle a una persona que ha sido manchada, maltratada, denigrada, envilecida…puede ser difícil y mucho más persuadirla a perdonar.

El perdón es el camino mejor hacia la paz y la felicidad. También para muchos es un misterio, una incertidumbre que carcome nuestros pensamientos, que nos llena de tinieblas el corazón y a menos que lo busquemos, seguirá  oculto de nosotros.

Cuando somos expuestos a situaciones no tan extremas como las referidas con anterioridad, normalmente nos negamos al perdón, sólo hablamos de nuestra indignación a la que fuimos llevados, nos sentimos profundamente heridos, sentimos que nuestro corazón se derrite con solo recordar tal evento, y es esto lo que nos lleva a la imposibilidad de perdonar y nos convertimos entonces en las personas que más necesitamos perdonar, puesto que nos convertimos en personas amargadas y no hay más lugar en nosotros para el amor, hemos entonces perdido esa capacidad.

La amargura destruye el alma y es capaz de destruir el cuerpo también.
Sabemos que la tensión nerviosa puede causar úlceras o jaquecas.
La investigación médica ha demostrado que hay una conexión entre un enojo no resuelto y los ataques al corazón.

Por eso el apóstol Pablo escribe (Ef. 4:31-32):

31 Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.

32 Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.

 

Podemos remitirnos a las palabras del Señor sobre que es necesario perdonar en Mateo 18 en su relato sobre los dos deudores que es un muy buen ejemplo sobre el perdón, pero quiero terminar solamente con este texto:

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Si juntamos a los autores de las vilezas citadas en un inicio, creo que no se compara a las ofensas que sufrió el Señor, no se compara al menosprecio, a la burla, a los golpes, y el asunto está en que en la cruz se manifiesta el mayor POR QUÉ cuando eleva una oración de perdón a su Padre, cuando entrega su vida para perdonar a quienes lo llevaron a ese punto.

Se puede perdonar a alguien así?

Pilato, Herodes, el centurión, Judas Iscariote, Anás, Caifás, El Sanedrín, El pueblo Deicida…Fueron perdonadas por Cristo

“Porque les he dado ejemplo, para que como Yo les he hecho, también ustedes lo hagan. Juan 13:15 

No tenemos que vivir amargados, atormentándonos por el rencor que nos corroe, viviendo en la intranquilidad que nos impide disfrutar de la vida que Dios nos da, fuimos llamados a ser felices porque fuimos llamados a perdonar, y perdonamos porque el Señor nos ha perdonado…no hay duda que el camino correcto es el perdón Cristo abrió ese camino para que andemos en el.

Esto no ha pretendido ser una disertación teológica sobre el perdón, pero puede ayudarnos recordar estos ejemplos y mostrarnos lo excelente que puede ser asumir el perdón cuánto? hasta setenta veces siete dijo el Señor.

 

Raymundo Saldaña.

 

 

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