LA ALABANZA SIN INSTRUMENTOS MUSICALES (HISTORICIDAD Y ENFOQUE ESCRITURAL)

INTRODUCCIÓN: 

Últimamente los instrumentos musicales se han incorporado paulatinamente en la alabanza cristiana de una manera indiscriminada hasta ubicarse en el culto.

Se ha llegado a tal grado respecto al asunto que algunas sectas han establecido la alabanza con instrumentos como una característica distintiva del “cristianismo”, algunos piensan que quienes no usan instrumentos es porque no tienen al Espíritu.

Tal indiscriminación es un exponente claro de la poca importancia que se da al hecho de si es o no lícito el uso de los mismos desde un punto de vista bíblico.

En las presentes notas se considera esta cuestión desde una perspectiva bíblica pero también histórica. Desde ambas perspectivas, los instrumentos musicales en el culto cristiano ha sido una innovación progresiva. Esta es la tesis de este trabajo.

Otra cosa es si a pesar de estas evidencias, la introducción de los instrumentos modifica sustancialmente el evangelio que fue predicado del cual se desprende el culto cristiano y en donde se halla la alabanza.

Por supuesto se trata de la música instrumental en el contexto de la alabanza cristiana y no como ciencia y arte.

Pero es importante distinguir que mientras la alabanza contiene musicalidad (es una oración con melodía)

Y que aunque usar instrumentos musicales en la adoración fue una práctica judía común bajo el Antiguo Testamento (Éxodo 15:20-21; 2 Samuel 6:5; 1 Crónicas 15:16; 23:5;  2 Crónicas 5:11-13; Salmo 150; cf. Josefo, 1987, p. 218) e incluso hasta el primer siglo d.C. (cf. Westermeyer, 1998, p. 67; Fletcher, 2001, p. 135), la práctica cristiana de adoración carecía notablemente de instrumentos musicales.

Consideremos la siguiente evidencia.

LOS INSTRUMENTOS MUSICALES EN LA ALABANZA DESDE UN PUNTO DE VISTA HISTÓRICO 

Al tratar el artículo “música”, la Enciclopedia católica de la Biblia -Garriga- y los Diccionarios evangélicos Caribe y Clie usan como bibliografía bíblica exclusivamente el Antiguo Testamento. Es lógico puesto que los instrumentos musicales y la música instrumental están ausentes en la  Escritura del Nuevo Testamento.

 La primera cita es de Clemente de Alejandría, fue una figura prominente en los asuntos eclesiásticos desde el año 192 hasta su muerte alrededor del 215 d.C.

Clemente argumenta que la música instrumental, como la del laúd y del arpa, no era utilizada en las iglesias. Además, agregaba: “Música superflua debe ser rechazada porque degrada y hace variar mucho la mente”.

Los llamados “padres de la Iglesia” nunca mencionaron los instrumentos: “Ni Ambrosio, ni Basilio, ni Crisóstomo en sus nobles panegíricos sobre la música, hicieron mención alguna de la música instrumental”.

Juan Crisóstomo que vivió desde el 347 al 407 d.C. comenta lo siguiente:

“David en tiempos pasados cantó  salmos; con él nosotros hoy cantamos también; él tenía una lira con cuerdas inanimadas; la Iglesia tiene una lira cuyas cuerdas son vivientes.

Nuestras lenguas son las cuerdas de la lira, con tono distinto, ciertamente, pero con piedad más concordante”.

San Agustín (345-430 d.C.), decía: “Conjuro a los creyentes que no volvieran sus corazones a los instrumentos teatrales. Los guías religiosos de los cristianos primitivos sentían que era una incongruencia si usaran sonido instrumental en su adoración. La expresión puramente vocal era la expresión más apropiada de su fe“.

El primer dato histórico de un instrumento musical en relación con la Iglesia se atribuye al Papa Vitaliano quien introdujo la música del órgano en algunas iglesias del sur de Europa en el siglo VII, alrededor del año 670.

El único argumento para usar el órgano en la Iglesia fue el hecho histórico de que el emperador griego Constantino Coprónimo,  envió un órgano como regalo a Pepino, rey de los francos, en el año 775, quien lo instaló en la iglesia de San Cornelio en Compiegne (Francia).

Posteriormente, Carlomagno mandó hacer un órgano de acuerdo al modelo de Constantino.

Tomás de Aquino, famoso teólogo italiano (1225-1274 d.C.), escribió estas interesantes palabras en el año 1250: “Nuestra Iglesia no utiliza instrumentos musicales tales como arpas, y salterios, para loar a Dios, a fin de no caer en similitud alguna con el judaísmo”.

El profesor Juan Girardeau, un miembro de la Iglesia Presbiteriana, en su libro Música en la Iglesia (Music in the Church), señala: “Apelando a los hechos históricos, se ha comprobado que la Iglesia, a pesar de

deslizarse cada vez más y más lejos de la verdad y caer en corrupción de la práctica apostólica, no tuvo música instrumental en un período de 1200 años (J. Girardeau quiere decir que su uso no llegó a ser general durante este lapso), y que la Iglesia Reformada Calvinista rechazó su uso en los cultos por ser un elemento del papismo, y también la Iglesia de Inglaterra ha llegado muy cerca de su apartamiento en sus cultos de adoración. El argumento histórico, por esta razón, se une al escriturario…para alzar un solemne y poderoso repudio a su empleo en la Iglesia Presbiteriana. Usarla en la esfera de la adoración es una herejía”, pág. 179.

Los escritos de Eusebio de Cesarea (ca. 275-340) se encuentran entre los registros históricos más importantes de la iglesia. En su Comentario de los Salmos, Eusebio hizo un contraste entre la adoración judía del Antiguo Testamento y la adoración cristiana del Nuevo Testamento: “En el tiempo antiguo, cuando los de la circuncisión adoraban con símbolos y tipos, no era inoportuno elevar himnos a Dios con el salterio y la cítara… Por medio del canto espiritual, nosotros convertimos nuestro himno en un salterio vivo y una cítara viva. La armonía de voces de los cristianos será más aceptable ante Dios que cualquier instrumento musical. Por ende, en todas las iglesias de Dios, unidos en alma y actitud, con una mente en armonía de fe y piedad, elevamos una melodía unísona en las letras de los Salmos. Tenemos la costumbre de emplear tales salmodias y cítaras espirituales ya que el apóstol enseña esto, diciendo, “con salmos, himnos y cánticos espirituales” (Camp, 1999, p. 170).

La proliferación de estos instrumentos en las iglesias llegó a provocar una amenaza de división. Para calmar los ánimos renunciaron a su uso, aunque posteriormente, sin más consideración, volvió a introducirse hasta el día de hoy.

Algunos de los más destacados llamados reformadores no estuvieron de acuerdo con el uso de instrumentos musicales en la alabanza de la Iglesia:

  1. Juan Calvino, el gran reformador en su comentario al Salmo 33 dice: “los instrumentos musicales en la adoración a Dios no eran necesarios, como no lo son el quemar incienso, encender velas o restaurar cualquier sombra de la ley”.
  2. John Wesley, metodista, dijo: “No tengo oposición ninguna al órgano en la iglesia mientras no se vea ni se oiga”.
  3. Adán Clarke, metodista también afirmó: “Creo que el uso de tales instrumentos musicales en la Iglesia Cristiana, no tiene la sanción de Dios y va contra su voluntad; los instrumentos pervierten el espíritu de la verdadera devoción. Como ministro de Dios, puedo decir que nunca he visto que los instrumentos musicales en el culto produzcan nada bueno. Tengo muchas razones para creer que son el producto de muchos males. Admiro la música como ciencia; pero los instrumentos musicales en la casa de Dios son abominación”.
  4. Charles Spurgeon, bautista, declara “Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento. Cuando pueda orar a Dios con un instrumento mecánico, cantaré a Dios con un instrumento mecánico”.

Es una degradación suplementar el canto inteligente de toda la congregación por lo bonito de un cuarteto, los detalles refinados de un coro o el soplo de fuelles y zampoñas inanimadas. Si cantamos con maquinarias, entonces también oremos con maquinarias (Drummond, 1992, p. 351).

  1. Alexander Campbell (1788-1866 d.C.), líder del Movimiento de Restauración, rechazó firmemente el uso de los instrumentos musicales en la Iglesia.
  2. Dr. H. Christopher, uno de los líderes del Movimiento de Restauración a la muerte de Campbell, lanzó un sentido llamamiento contra el uso de los instrumentos musicales en las iglesias. He aquí parte de lo que dijo:“Por tales razones, no puedo encontrar ante mí un solo hecho, argumento, razón o alegato que pudiera sernos de justificación para que utilicemos instrumentos musicales en la adoración de la Iglesia… Es una innovación de la práctica apostólica… Aprendamos de las experiencias de otros y contentémonos con aquello que Dios ha ordenado, y dejemos que la música instrumental y todas sus concomitancias permanezcan allá donde nacieron, o sea entre las corrupciones de la iglesia apóstata”.

Obviamente, no podemos usar el testimonio de estos hombres como si de una autoridad bíblica se tratara. Sin embargo, la validez de sus testimonios radica en que reconocían que los instrumentos musicales no fueron usados en la Iglesia primitiva.

“¿Quién se atrevería a condenar una práctica testificada por el Nuevo Testamento si éste mostrara de alguna manera que los instrumentos se usaban?

El estudio de la historia de la música sacra es muy interesante. Un hombre que contribuyó mucho a este tipo de música fue  Ambrosio, obispo de Milán. A él debemos de atribuir el enriquecimiento del canto religioso. Gracias a él también, Milán comenzó a ser uno de los centros más importantes de la vida musical contemporánea.

Un continuador de Ambrosio en el arte musical fue Gregorio Magno, elegido Papa en el año 590. Este reordenó la “Schola Cantorum” de Roma, una especie de conservatorio del cual salían los cantores (de él tomó el nombre de gregoriano el canto litúrgico).

Es importante observar aquí, para el interés de estas notas, lo que dice la Enciclopedia  “Nuestro Siglo” acerca del canto litúrgico y la incorporación de los instrumentos musicales: “el canto gregoriano es un canto monódico, en el cual todas las voces entonan la misma melodía y, además eliminaba el acompañamiento instrumental  sea por que la iglesia no lo consentía entonces o porque la espontaneidad de la ejecución no se avenía con la preparación que requiere siempre el concurso de los instrumentos” (Tomo IV.,p.994 sig.)

Sigue diciendo esta Enciclopedia: “Fue en la edad media, por el uso del recién aparecido instrumento musical llamado “órgano”, que se hace las primeras tentativas de la polifonía” […] “Fue el monje Ubaldo, en el siglo IX, quien dejó algunas reglas relativas al acompañamiento de este instrumento” […] “Pero las composiciones instrumentales de Giovanni Gabrieli son uno de los mejores documentos del despertar de la música instrumental junto con la vocal en el siglo XVI. El resultado de esta influencia, de la música instrumental sobre la vocal, constituyó una nueva forma realmente original: el madrigal” […] “El madrigal vino a ser una diversidad de la música litúrgica, de carácter profano” (Tomo VIII, p.2277 sig.)

 LOS INSTRUMENTOS MUSICALES EN EL CULTO DESDE UN PUNTO DE  VISTA BÍBLICO

La adoración y, por lo tanto, la alabanza del Antiguo Testamento estaban establecidas y ordenadas según los rituales del levítico y del templo.

En 2ª  de Crónicas 29 podemos observar que el uso de los instrumentos musicales en la adoración veterotestamentaria estaba regulado mediante un mandamiento expreso el cual “procedía de Jehová por medio de sus profetas” (29.25); es decir, no fue un uso indiscriminado por el mero deseo de los sacerdotes o levitas.

Por otro lado, la música instrumental formaba parte de la adoración como lo era el sacrificado de animales, quemar incienso, etc.: “y toda la multitud adoraba, y los cantores cantaban, y los trompeteros sonaban las trompetas: todo esto duró hasta consumirse el holocausto” (28.29).

Obviamente, el culto del Antiguo Testamento quedó abolido según se desprende de textos como Efesios 2.15; Colosenses 2.14 y especialmente de Colosenses 2.16-17, “por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuantos días de fiesta, luna nueva o día de reposo, todo lo cual es sombra de lo que había de venir”; y de Hebreos 10.1-9 ” la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas… – el mediador del nuevo pacto- dice: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último” Obviamente, aquí no está pensando directamente en los instrumentos musicales, pero sí en los cambios profundos que el Nuevo Pacto iba a implicar especialmente en la forma de adoración y dentro de la adoración la alabanza.

No es necesario enfatizar que la adoración del Nuevo Testamento es radicalmente distinta a la del Antiguo Testamento. Pero lo que quiero dejar claro aquí es que los instrumentos musicales fueron ordenados en el viejo culto mientras que en el nuevo ni se ordenan ni fueron usados según los datos de que disponemos tanto en la Escritura como en la historia.

La adoración del viejo pacto era una adoración característica de los sentidos; la adoración cristiana es profundamente espiritual. Según el autor de Hebreos aquel fue “impuesto hasta el tiempo de reformar las cosas”(9-10). Jesús anticipó el nuevo culto cuando predicó a la mujer samaritana “Más la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el

Padre tales adoradores busca que le adoren”. (Juan 4.23).

Es  con el Espíritu y  en el Espíritu (1ª Corintios 14.16; Filipenses 3.3), y no necesita ayudas carnales.

El Espíritu Santo, morando en el creyente individualmente y en la asamblea de manera colectiva (Juan 14.17), es el poder de la adoración cristiana. Cualquier otra cosa que satisfaga solamente la carne y distraiga el corazón del verdadero objeto de la adoración, no es sino un impedimento.

Se puede decir que aquello que  el hombre animal puede disfrutar, no encuadra en las cosas de Dios.

Podemos orar y cantar y bendecir a Dios en espíritu, pero ¿tiene espíritu el órgano?

Los instrumentos musicales podrían ayudar indudablemente a la precisión y el tiempo de nuestro canto, pero impedirían el carácter espiritual de la adoración, y sólo éste es acepto a Dios.

Ahora bien, ciertamente la adoración neotestamentaria no la encontramos reglamentada como encontramos la adoración del viejo pacto. Sin embargo, todos reconocemos que existe una diferencia entre la adoración de un pacto y el otro.

Pero a pesar de no estar reglamentada de la misma manera no significa que no se base sobre una autoridad escritural. Hemos de pensar que el Espíritu Santo no fue indiferente a esta cuestión tanto en la manera como en los medios con los cuales los creyentes iban a adorar y a alabar a Dios.

Esta autoridad, pues, la tenemos hoy en la Escritura del Nuevo Testamento.

La adoración y la alabanza cristiana se encuentran descritas en esta parte de la Biblia. No entender esta distinción a la hora de establecer la autoridad acarrea grandes confusiones no sólo en este tema sino también otros de más importancia.

Incluir el Antiguo Testamento como autoridad en este tema justificaría también el uso de quemar incienso, circuncidar a los niños, sacrificar animales, y un largo etc., que desvirtuarían el sentido y el contenido de la adoración cristiana.

Basta decir, por otro lado, que la autoridad neotestamentaria la hallamos fundamentalmente mediante mandamientos expresos y ejemplos aprobados. Y no tenemos mandamientos de usar instrumentos musicales en el culto ni ejemplos aprobados donde la Iglesia los usara.

Se da una analogía propicia para incluir el uso de instrumentos en la alabanza cristiana, pero deliberadamente el autor prescinde de ellos de una manera que no deja de ser significativa:

a) Salmo 98.5-6. “Cantad salmos a Jehová con arpa; con arpa y con voz de cántico. Aclamad con trompeta y sonidos de bocina, delante del rey Jehová”.

b) Efesios 5.19: “Hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones”. (Ver también Colosenses 3.16)

No hemos de olvidar que la Iglesia disponía de instrumentos para poder usarlos, pero simplemente, según los datos que tenemos, no los usaron.

CONCLUSIÓN:

Después de considerar solamente una muestra fragmentaria de la vasta evidencia histórica a disposición, podemos llegar a la conclusión que las fuentes históricas reconocidas, acreditadas y respetadas están completamente de acuerdo en que la adoración del Nuevo Testamento careció de innovaciones instrumentales, que los padres de la iglesia se opusieron fuertemente a tales innovaciones, y que durante muchos siglos, la oposición continuó su lucha insaciable contra tales innovaciones.

En la alabanza cristiana del Nuevo Testamento están ausentes los instrumentos musicales.

Al parecer por los datos históricos presentados entendemos que durante varios siglos después del establecimiento de la Iglesia no hubo discusión sobre el tema de los instrumentos musicales, ya que no se usaban.

En el canto de la Iglesia éstos se introducen paulatinamente a partir de la edad media; particularmente proliferan en nuestro siglo XXI.

Quienes usan los instrumentos musicales en la adoración de la Iglesia tendrán que reconocer que lo hacen sin una autoridad escritural neotestamentaria y sólo por el mero deseo de ellos mismos.

La alabanza cristiana no necesitó ni necesita de instrumentos musicales; basta con las voces de los que alaban. Las divisiones en las Iglesias, cuando las hubo o las hay, no fue ni es por la ausencia de los instrumentos, sino por el intento de introducirlos.

Y, finalmente, la alabanza en la iglesia sin los instrumentos musicales parece ser la manera (desde el punto de vista histórico, pero sobre todo escritural) correcta y la más coherente.

 

Esta es una adaptación de los originales:

Los instrumentos musicales en la adoración cristiana y el testimonio de la historia/Moisés Pinedo http://www.ebglobal.org
Fundamentos doctrinales de la Biblioteca Pastoral/ Enrique Martorell